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COP21 PARIS: ¿LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE REACCIONAR ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO?

Desde la década de los 90 del pasado siglo se han ido sucediendo una serie de conferencias de ámbito internacional promovidas por las Naciones Unidas en su Convención Marco sobre Cambio Climático. Todas ellas, un total de veinte hasta la fecha y a punto de tener lugar la vigésimo-primera en París, han tratado de reunir anualmente a todos los miembros para la lucha contra el cambio climático.

Las Cumbres de la Tierra

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), sus estrategias y objetivos, se ha visto reforzada e inspirada por las Conferencias de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo que se iniciaron durante el último tercio del siglo XX.

Fotografía de la Pimera Cumbre de la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) en el año 1972.
Fotografía de la Pimera Cumbre de la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) en el año 1972.

Hasta la fecha se han celebrado cuatro de las también denominadas “Cumbres de la Tierra”:

La primera de ellas tuvo lugar en 1972, en Estocolmo (Suecia), bajo el nombre de Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Fue la primera gran conferencia de la ONU sobre cuestiones ambientales internacionales, y marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la política internacional en materia de medio ambiente

La segunda, y de vital importancia por la introducción del concepto de desarrollo sostenible, fue celebrada en Rio de Janeiro (Brasil) en 1992. Su trascendencia fue, muy posiblemente, la mayor entre las celebradas hasta el presente, y cimentó las bases para el desarrollo de la CMNUCC, creada en el mismo año 1992 en Nueva York y que desarrollaría las Conferencias de las Partes.

La tercera fue celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) en 2002, y además de reiterarse en la necesidad de incorporar y alcanzar el desarrollo sostenible, hizo especial hincapié en la pobreza y los problemas medioambientales.

La última Cumbre de la Tierra celebrada tuvo lugar en Rio de Janeiro en el pasado 2012, fue denominada como Rio+20 y fue catalogada como un auténtico desastre, un fracaso. Aprobado el documento bajo acuerdo de mínimos, ha sido descrito como una vergüenza política que demuestra la incapacidad y la reticencia de parte de ciertos Estados de llevar a cabo políticas trascendentales y series en materia de medio ambiente.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Como hemos indicado, la CMNUCC es un tratado internacional que, a pesar de ser creado en 1992, no entró en vigor hasta 1994. La Convención está integrada por los miembros firmantes, los cuales reciben el nombre de “partes”. Así, se hace referencia a las sucesivas Conferencias de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) que tienen lugar anualmente y en las que participan todos los miembros firmantes del tratado. Las partes (196 países en 2014) fueron clasificados en sus inicios según su grado de desarrollo, su capacidad de acción y reacción así como su capacidad de financiación y adaptación.

La CMNUCC incorporó en 1997 el ya conocido como Protocolo de Kioto. Su nombre proviene, precisamente, del nombre de la ciudad japonesa sede de la III Conferencia de las Partes. El Protocolo de Kioto es un instrumento, un acuerdo vinculante, que fue adicionado a la CMNUCC para acelerar el proceso de reducción de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y asegurar el compromiso de las partes firmantes.

Mapa de situación de los países segun posición respecto al Protocolo de Kioto. En verde: firmantes y ratificantes, naranja (Estados Unidos) firmantes pero no ratificantes y en rojo (Canadá) retirados del protocolo.
Mapa de situación de los países segun posición respecto al Protocolo de Kioto. En verde: firmantes y ratificantes, naranja (Estados Unidos) firmantes pero no ratificantes y en rojo (Canadá) retirados del protocolo.

Todos los países miembros firmaron y posteriormente ratificaron el Protocolo, a excepción de dos:

  • Canadá: después de la Cumbre del Clima de Durban (Sudáfrica, 2011) decidió abandonar el Protocolo de Kioto por calificarlo de ineficaz y en vistas de las multas que debería afrontar por su previsible incumplimiento.
  • Estados Unidos: el expresidente Bill Clinton firmó el acuerdo pero el Congreso estadounidense no lo ratificó. El Gobierno de George Bush abandonó el Protocolo de Kiota por las mismas razones que Canadá.

Las reuniones periódicas que se celebran desde 1995 (como hemos dicho al principio de este artículo: veinte hasta la fecha) tienen como objetivo examinar el cumplimiento de los objetivos acordados y la aplicación de las políticas relativas al cambio climático que han sido adoptadas en conferencias previas.

Estas reuniones reciben asimismo el nombre popular de “Cumbres del Clima”, y la razón de este artículo es la celebración inmediata de la XXI Conferencia de las Partes, también conocida como COP21 y que tendrá lugar en París entre el 30 de diciembre y el 11 de noviembre de 2015.

La Conferencia de las Partes de París

La XXI Conferencia de las Partes tendrá lugar en Le Bourget, localidad muy próxima a París durante el mes de diciembre de 2015. Se ha llevado a cabo un período de negociaciones de un año después de la COP20 celebrada en Lima (Perú) en 2014. Para este período se redactó un documento en Ginebra (Suiza) que serviría de base para las negociaciones y la celebración de hasta cuatro reuniones periódicas a lo largo del año 2015, que terminarían en la redacción de un documento final  que será propuesto y discutido en París.

 

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El objetivo prioritario es alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante entre todas las partes. Tras alargarse el segundo período de vigencia del Protocolo de Kioto (enmienda de Doha) desde 2012 y válido hasta 2020, se espera el acuerdo acerca de un nuevo protocolo que sustituya al vigente. Lo que perseguiría dicho protocolo es que la temperatura planetaria no aumentara más allá de los 2ºC respecto a la era pre-industrial.

Desde aquí no pretendemos llamar al escepticismo, pero parece que el objetivo que se plantea parece más bien un eslogan de buenas intenciones más que un objetivo claramente alcanzable. Discutimos esta idea porque hasta la fecha, por bien que se han realizado multitud de Conferencias de las Partes y Cumbres de la Tierra, muchas de ellos vinculantes y comprometedoras, en lo que al planeta concierne, no ha servido absolutamente para nada.

¿Un objetivo asumible?

El Cambio Global que describíamos en el primer artículo no ha hecho más que reafirmarse en sí mismo. En materia climática no puede achacarse el problema a una cuestión de “inercia del sistema climático”, pues nada más lejos de la realidad la emisión de GEI y concretamente de CO2 no ha hecho más que continuar aumentando.

Quizás los acuerdos que suscribían los firmantes del Protocolo de Kioto fueran demasiado irrealizables para algunos (como prueba Canadá y Estados Unidos, que sin intentarlo siquiera desistieron de esa tarea) pero aún y así parece haber sido un esfuerzo ínfimo, podríamos decir inútil, porque la realidad confirma que el calentamiento global y la contaminación atmosférica describen precisamente la misma tendencia que se trataba de evitar y contener.

Lo que se propone con este acuerdo para un nuevo protocolo es, en otras palabras y como recordarán de nuestro primer artículo, un escenario RCP2.6 según el IPCC. Es decir, que para evitar que la temperatura planetaria sobrepase el aumento en 2ºC a final de siglo respecto a los valores de la era pre-industrial, no sólo deberían reducirse desde este preciso instante las emisiones de todos los países, sino que debería apostarse por una economía baja en carbono capaz de llegar a no generar absolutamente ninguna emisión de gases de efecto invernadero para 2100. La tendencia, desgraciadamente y como cabía esperar, apunta más bien hacia escenarios RCP8.5 y RCP6.0, que se corresponden a aquellos que prevén un aumento de la temperatura media global hacia final de siglo

Es por ello que nos preguntamos, ¿realmente es realizable sabiendo cuáles son las reticencias de algunos países y los intereses que persiguen? ¿tiene sentido hablar de tales objetivos, a priori irrealizables, conociendo la tendencia presentada hasta el momento? ¿acaso no presenta un cierto punto de cinismo? Parece ser que no ha sido hasta el presente 2015 que los gobiernos de los estados que forman parte han decidido darse cuenta que el problema reside y siempre lo ha hecho en el sistema económico que es totalmente insostenible y, ahora que parecen haberse alertado de tal obviedad, pretenden realizar un cambio radical que ni tan sólo se albira hasta el momento.

El poblamiento de Australia a través del determinismo geográfico: clima, agricultura y ocupación del territorio

Co-autores del artículo: Raúl Estévez y Roger Clavero

Australia es una enorme isla de más de siete millones y medio de kilómetros cuadrados que podría ser definida de forma más adecuada como un continente. A pesar de su enorme extensión apenas viven veintidós millones de personas (sin tener en cuenta la isla y estado de Tasmania -500.000 habitantes-), lo que da lugar a una de las densidades de población más bajas del mundo: tan sólo 3 hab./km2. Ahora bien, este valor de densidad poblacional es genérico y la realidad geográfica de Australia se caracteriza por una enorme variabilidad espacial en la distribución de la población, los asentamientos y de las actividades económicas sobre el territorio.

Así pues encontramos lugares donde se concentra la mayor parte de la población, especialmente en la línea costera y más concretamente en el frente marítimo del sureste del territorio, donde encontramos las grandes áreas metropolitanas de Sídney y Melbourne (con más de 4 millones de habitantes cada una) y de otras ciudades destacables en el conjunto australiano como Brisbane o Adelaida. Por el contrario, encontramos otros núcleos de población de menor tamaño e importancia fuera de este arco urbano del sureste como pueden ser las ciudades de Perth o Darwin, que se encuentran a 2.400 y 3.300 km de distancia respectivamente de Sídney. Están, por tanto, extremadamente aisladas de cualquier sistema urbano.

Radicalmente diferente es el Outback, traducido con dificultades como “el interior”, constituido por la Depresión Central: una enorme cuenca endorreica formada por el Lago Eyre y el Desierto de Simpson, delimitada por el Altiplano Occidental al oeste y la Gran Cordillera Divisoria en este, así como por el ya citado Altiplano Occidental, que está formado por la Cordillera de McDonnell, el Gran Desierto de Victoria y el Desierto de Gibson. Efectivamente, estos vastos espacios están prácticamente aislados y su densidad de población es cero o cercana a cero habitantes por kilómetro cuadrado. Se trata, sin lugar a dudas, de un caso único que resulta curioso y a la vez complejo de analizar, donde la geografía y la historia, con especial referencia al proceso de colonización británica, han tenido un papel clave en su evolución y configuración actual.

Mapa físico de Australia con las principales formas de relieve. Fuente: elaboración propia, cartografia base: mapsforfree
Mapa físico de Australia con las principales formas de relieve. Fuente: elaboración propia, cartografía base: mapsforfree

Más allá de la desigual localización de la población y la actividad económica es también singular la humilde ocupación del suelo. De forma sorprendente, el porcentaje de tierra ocupada por la agricultura en Australia se aproxima al 53% del total de la superficie del país si se contabilizan las áreas de pastos permanentes para la actividad ganadera, las tierras de cultivo permanente y la tierra cultivable. Ahora bien, si sólo se consideran las tierras susceptibles de ser cultivadas, este valor supera con dificultades el 6% del territorio australiano (Banco Mundial, 2012).

Según algunos autores, este dato podría llegar a ser ligeramente superior. Así, para B. Hofmeister (1988) el desarrollo de la actividad agrícola australiana podría llegar a ocupar 77 millones de hectáreas, lo que se traduce en tan sólo un 10% de la superficie total del continente. La razón principal es que la mayor parte del territorio australiano es árido y presenta dificultades climáticas y edafológicas para el cultivo, además de muy reducidos cursos de agua permanentes, a excepción del río Murray. Ya en los años veinte del siglo pasado se apuntaba que por razones climáticas las condiciones razonables para la agricultura sólo se daban en un 21% de la superficie australiana (unos 240 millones de hectáreas). Sin embargo, esta extensión coincide prácticamente con aquella área del territorio que presenta un relieve más complicado. Es necesario, por tanto, restar 105 millones de hectáreas por las propias dificultades que impone el terreno el desarrollo de la actividad agrícola y otros 55 millones de hectáreas por las condiciones pobres del suelo.

Partiendo de esta primera aproximación a la distribución y la ocupación del territorio australiano, este artículo trata a continuación de buscar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué determina el patrón de poblamiento y ocupación de Australia? Para intentar resolverla, trataremos de establecer relaciones entre factores geográficos como el clima, la topografía, la edafología y la disponibilidad de recursos energéticos o naturales como bien puede ser la minería o, aún más importante, la disponibilidad de agua. También se deben valorar factores históricos como pueden ser los procesos de colonización del continente, especialmente aquellos vinculados a la extensión de la actividad agrícola y ganadera.

El clima es un factor muy determinante en el poblamiento australiano, así como la topografía del país, y es que las zonas con mayor altitud cuentan con muy poca población. Los pobladores europeos, mayoritariamente de origen británico, se fueron asentando en las zonas climáticamente más adecuadas a sus necesidades, es decir, en aquellos enclaves que proporcionaban mayores posibilidades de éxito y mejores perspectivas económicas (E. García Zarza, 1976). Así pues, la población se localiza mayoritariamente en las zonas templadas, rechazando las zonas tropicales y de tipo desértico. Un buen ejemplo que da fe de ello es Australia del Norte, un estado tropical en su parte septentrional y desértico en su parte meridional que tan sólo concentra el 1% de la población del país; asimismo uno de los primeros asentamientos británicos de Australia, Cooktown (Queensland), nunca acabó de florecer, probablemente debido a su situación en una zona tropical y cuya población a día es de tan sólo 2300 habitantes.

Muy en relación con el clima encontramos otros factores como aquellos edáficos o hidrológicos. Los suelos más pobres se concentran en el interior, coincidiendo con las zonas desérticas, y los más aptos en la periferia continental, que coinciden con las zonas templadas. La disponibilidad de agua no es muy alta en el conjunto del continente, que no cuenta con grandes ríos ni reservas nivales, y si con una alta evapotranspiración. No obstante sí hay efectivamente algunas zonas con excedente hídrico, y estas coinciden bastante con aquellas donde se sitúa la mayor parte de la población.

Por su parte, la minería nos explica por qué existen asentamientos en el interior, en espacios ambientalmente extremos. Algunos ejemplos son Broken Hill (Nueva Gales del Sur) o Kalgoorlie y Koolyanobbing (Australia Occidental), y muchas han sido las dificultades y costes asociadas, especialmente en lo referente al abastecimiento de agua. Si bien existen acuíferos subterráneos en ciertas partes del interior australiano, no siempre los asentamientos pueden beneficiarse de ellos. En Kalgoorlie, por ejemplo, fue necesaria la construcción de una tubería de 563 km para el abastecimiento de agua. También, aunque de forma muy puntual, encontramos núcleos de población interiores que se deben a su posición como cruce de carreteras o ferrocarriles, es decir, nodos de confluencia de vías de comunicación, entre los que destacan Alice Springs (Territorios del Norte), uno de los asentamientos interiores más importantes y que cuenta con una población ligeramente superior a los 25.000 habitantes.

Salvo los impedimentos o dificultades impuestos por factores de tipo ambiental, otro elemento destacable y que sin duda ha tenido su incidencia en el desarrollo del poblamiento australiano ha sido la limitación a la expansión agrícola y ganadera impuesta por el propio gobierno del país en los inicios del proceso colonizador por motivos bien de carácter científico o bien de carácter político-económico.

Uno de los ejemplos más claros es quizás el que hace referencia al impedimento a la expansión y apropiación de tierras fuera de los Nineteen Counties (traducido como Diecinueve Condados) que originalmente conformaban la colonia británica de Nueva Gales del Sur, alrededor de Sídney.

El Gobernador Thomas Brisbane (1773-1860) se opuso a la rápida expansión de los llamados pastoralistas, ganaderos nómadas o establecidos en extensas propiedades de pastos por falta de efectivos militares para la protección y sobre todo el control de la población fuera de los límites administrativos de los condados establecidos (Taylor, 1954). Al menos desde el año 1826 no se permitió la colonización, ocupación y compra-venta de tierras fuera de estos límites administrativos, que acabaron recibiendo el nombre de limits of location, traducidos como límites de ocupación. La política de ocupación de tierras cambió finalmente en 1861 gracias a las Actas de las Tierras de la Corona (Crown Land Acts) impulsadas por el Primer Ministro de Nueva Gales del Sur John Robertson. Fue a partir de entonces que se expandió la actividad ganadera, en muchas ocasiones legalizando y otorgando derechos de tenencia de tierras a los comúnmente llamados squatters: ex-convictos o ciudadanos libres australianos que habían ocupado tierras de pastos ilegalmente para practicar ganadería extensiva.

En el estado de Victoria, a diferencia del proceso que tuvo lugar en Nueva Gales del Sur, desde un principio se promovió la ocupación de las tierras, evitando así los conflictos y problemáticas en la liberación posterior. En el estado de Queensland se promovió la ayuda de los ya citados squatters en el establecimiento de los agricultores para así poder aumentar la superficie agrícola previamente dedicada al pastoreo de ganadería extensiva, además de ocupar en mayor medida el territorio.

De contenido mucho más geográfico, aunque en la línea del anterior, es el ejemplo de la conocida como Línea de Goyder. Esta línea fue trazada por el General George Goyder en 1865 y coincide prácticamente con la isoyeta de 250mm de precipitación media anual. Esta línea proponía el límite norte para el desarrollo de la agricultura en el estado de Australia Meridional, además de hacer de límite entre dos zonas radicalmente diferentes en cuanto a paisaje, clima y vegetación.

La Línea trazada por el General G. Goyder en 1865 y la administración territorial de Australia Meridional. Fuente: elaboración propia.
La Línea trazada por el General G. Goyder en 1865 y la administración territorial de Australia Meridional. Fuente: elaboración propia.

La colonización agrícola de nuevas tierras hacia el interior se basó en muchas ocasiones en procesos de ensayo-error; intentos-fracasos. Estos intentos responden a la variabilidad interanual en la precipitación, que en ocasiones hacía viables los cultivos más al interior de donde años anteriores hubiera sido imposible (J. Beattie, 2014). Los intentos de cultivar allí donde era climáticamente y edafológicamente improbable eran más bien producto del deseo que adecuadas a los límites impuestos por la naturaleza. En muchas ocasiones, los intentos que resultaron exitosos coincidieron con épocas cíclicas de estabilidad en la precipitación, pero que, con el paso del tiempo, efectivamente resultaron desastrosos.

Asimismo, este proceso explica también la administración actual del territorio, especialmente en el ya citado caso de Australia Meridional. A diferencia de otros estados australianos como Nueva Gales del Sur o Queensland, donde toda su extensión está dividida en counties, en el estado de Australia Meridional sólo cubren la parte suroriental, es más, esta parte coincide en buena medida con la línea que Goyder trazó en el siglo XX. La característica principal de la división en este estado es la distinción entre los counties y lo que se denomina “resto del territorio”, una distinción que, efectivamente, coincide con la división entre los espacios agrícolas del sureste y los espacios áridos o semiáridos del resto del estado, ocupados por la actividad ganadera extensiva y que no están sujetos a ninguna división territorial. Aun así, los counties no tienen función administrativa o política, sino que responden a la tenencia de la tierra fruto de la división del siglo XIX. La función administrativa la llevan a cabo las denominadas Áreas de Gobierno Local.

Fuente: elaboración propia a partir del Australian Bureau of Statistics
Fuente: elaboración propia a partir del Australian Bureau of Statistics

Por último y aunque muy brevemente, es necesario tratar el poblamiento urbano, pues es en definitiva el que tiene un peso preponderante sobre el total del país. En efecto, la sociedad australiana es eminentemente urbana. Las grandes ciudades se encuentran en el frente marítimo o muy próximas a éste, concentradas en una región muy concreta coincidente con las primeras colonias británicas, que disfrutan del clima más favorable y donde se ha desarrollado una actividad agrícola y una ocupación del territorio históricamente más intensa. Las grandes densidades de población se dan, por tanto, en estos puntos concretos del mapa australiano y la actividad económica, salvo aquella asociada a la ganadería y la minería, también se concentra aquí.

Podemos decir, por tanto, que las peculiaridades del poblamiento de Australia son consecuencia de la interacción más o menos compleja de una serie de factores ambientales que en combinación con los procesos históricos de colonización y expansión de la agricultura y la ganadería han consolidado dos Australias radicalmente distintas: una Australia interior, despoblada e improductiva por las razones aludidas y una Australia periférica, cuyo sector sureste es muy dinámico y concentra casi la totalidad de su población y su actividad económica. Es precisamente este área desarrollada la que hace que el país como conjunto, a pesar de su escasa ocupación del territorio y su relativa poca población, se sitúe entre una de las veinte potencias económicas globales y goce del segundo puesto en el ranking mundial de Índice de Desarrollo Humano.


BIBLIOGRAFIA

Beattie, James (et al.). 2014. Climate, Science, and Colonization: Histories from Australia and New Zealand. Palgrave Studies in the History of Science and Technology, Palgrave Macmillan.

García Zarza, Eugenio. 1976. Australia : El Territorio, Su Historia, Población Y Economía. Salamanca: Universidad de Salamanca. Departamento de Geografía.

Garden, Donald S. 2005. Australia, New Zealand, and the Pacific : An Environmental History.

Heathcote, R. L. 1988. The Australian Experience : Essays in Australian Land Settlement and Resource Management. Melbourne: Longman Cheshire.

Hofmeister, Burkhard. 1988. Australia and Its Urban Centres. Berlin [etc.]: Gebrüder Borntraeger.

¿Qué es el Dryas?

El llamado Joven Dryas es un acontecimiento climático que tuvo lugar al final de la última glaciación. Esta época glaciar recibe el nombre de Glaciación de Würm (aunque también conocida como Wisconsin en América del Norte, entre otras denominaciones regionales) y tuvo lugar entre 100.000 y 10.000 BP (Before Present). El nombre de Dryas proviene de una flor alpina denominada científicamente como Dryas Octopetala.

Cuando los hielos empezaron a retirarse a latitudes cada vez superiores, hace cerca de 11.000 años tuvo lugar un período relativamente corto de tiempo en el que, justo cuando el planeta se dirigía hacia una época climática más cálida tras el período glaciar que había superado, la temperatura de la Tierra, sobretodo en el hemisferio norte, volvió a recaer.

“Este acontecimiento fue sorprendente, porque el sistema (Tierra) estaba ya sumido en la etapa cálida que define el último interglaciar y las temperaturas debían de ser entonces bastante similares a las que tenemos hoy. De repente, en tan solo 100 años, Europa septentrional y el noroeste de América retornaron a las condiciones glaciales […] y los testigos de hielo de Groenlandia demuestran como la temperatura bajó hasta sus valores de la etapa glacial. Esas condiciones frías se prolongaron durante mil años, pasados los cuales el Joven Dryas se terminó abruptamente: en menos de 20 años según los trabajos del eminente paleoclimatólogo W.Daansgard, de la Universidad de Copenhague.”

Fuente: Cambios climáticos: Una aproximación al Sistema Tierra. Martín-Chivelet, Javier. Ed.Libertarias

Este abrupto y repentino enfriamiento del hemisferio norte fue causado por un cambio en las corrientes marinas del Atlántico Norte. La fusión acelerada de enormes masas de hielo al salir del periodo glacial en el Canadá formó grandes cantidades de agua dulce que se acumulaban en lagos temporales. Uno de ellos, el llamado Lago Agassiz se situaba allí donde la capa de hielo retrocedía, recibiendo inmensas cantidades de agua proveniente del deshielo.

Pero su capacidad no era suficiente y evidentemente existía un drenaje hacia la cuenca del Mississippi americano y hacia el río San Lorenzo. A medida que el hielo se retiraba y quedaba libre la desembocadura del río San Lorenzo, las aguas del Lago Agassiz y del resto de grandes lagos situados entre el actual Canadá y los EE.UU. drenaron enormes cantidades de agua dulce hacia el Océano Atlántico de manera repentina. De este modo la salinidad del Atlántico Norte disminuyó y la Corriente Termohalina y la Corriente Cálida del Golfo se vieron interrumpidas. Europa y en menor medida Norteamérica volvieron a las condiciones glaciales anteriores. Los hielos volvieron a avanzar en los dos continentes, a pesar de que no con la misma contundencia.

origen Younger Dryas

Este mapa muestra la situación de la capa de hielo en Norteamérica hace 11.000 años en el momento que tendría lugar el Dryas reciente. Se observa la situación de los lagos y los ríos por donde había el drenaje de agua dulce. Estos lagos almacenaban inmensas cantidades de agua que más tarde abocarían al Océano Atlántico. Actualmente se sitúan en aquella zona los llamados Grandes Lagos, en la frontera entre Canadá y los Estados Unidos.

Después de este episodio se restableció paulatinamente la Corriente Termohalina, recuperándose las temperaturas en Europa y el Océano Atlántico Norte y la capa de hielo se destruyó de forma acelerada como anteriormente hemos comentado. De este modo finalizó el periodo glacial de Würm, dando paso al Holoceno y al actual periodo postglacial en el que vivimos, permitiendo la etapa de mayor expansión y desarrollo de las civilizaciones humanas.

Este hecho constatado es prueba de que probablemente podría haber ocurrido con anterioridad una situación, al menos, de características similares. Esto nos hace pensar en que quizás el desencadenante de las glaciaciones es precisamente la interrupción de las corrientes oceánicas, las cuales cómo hemos visto tienen la capacidad de intervenir en el clima de forma incisiva.

La comunidad científica aún desconoce mucho en relación a las corrientes marinas, y sobre todo en cuanto a la Corriente Termohalina en profundidad. No obstante, se cree firmemente en su relación con la regulación térmica general del sistema Tierra tanto en los océanos como en los propios continentes por la transferencia de calor. Se teoriza incluso desde hace varios años sobre un posible enfriamiento del hemisferio norte, un “nuevo micro Dryas”,  que podría ser causado por la interrupción de la corriente termohalina en cuestión y de la corriente cálida del golfo que baña las costas atlánticas europeas por efecto del deshielo de los casquetes glaciares en los polos.

 

La planificación territorial, una herramienta contra el creciente número de riesgos climáticos

benidorm panoramica

Desde siempre el hombre se ha interesado por vivir de manera confortable y el cambio climático es y será un tema que podría disminuir la confortabilidad que hasta día de hoy existe en el Mediterráneo. Sin duda, el área mediterránea está, ahora mismo, en el punto de mira de muchos climatólogos ya que puede ser una de las regiones más afectadas por el cambio climático y por tanto, por el calentamiento global.

La confortabilidad de la que hablábamos al principio es una de las grandes bazas del turismo en el Mediterráneo. Disfrutamos de veranos calurosos pero sin serlos extremadamente y sin precipitaciones destacables.

¿Pero, y si esta confortabilidad climática tan beneficiosa, y que actualmente países como España aprovechan especialmente para el sector turístico, desaparece?

Es así como el cambio climático puede suponer un revés hacia el turismo mediterráneo, una de las principales actividades económicas de los países del sur de Europa y del norte de África. Queda claro que el calentamiento global no sólo perjudicará al turismo, sino que la agricultura puede ser otra actividad económica afectada. En este sentido ello puede ejemplificarse con el cultivo de viñas. El aumento de las temperaturas en superficie pueden hacer desplazar este cultivo a mayor latitud o altitud con la finalidad de encontrar mejores condiciones climáticas. Un ejemplo podría ser lo que está ocurriendo en Cataluña, donde empresas vinícolas estan empezando a apostar por viñedos en zonas pirenaicas. 

Todo este proceso se producirá en un contexto “ficticio” de crecimiento sostenible. ¿Por qué ficticio? Vivimos en un planeta finito donde, evidentemente, los recursos que posee el planeta son finitos, de esta manera es imposible pensar en un crecimiento infinito cuando vivimos en un planeta finito. Cualquier crecimiento no es sostenible, la sociedad debería tender al decrecimiento y fomentar la cooperación entre regiones. Esto sin embargo, ya es otro debate.

De este proceso de cambio climático se derivan riesgos, cada vez con mayor impacto sobre las personas residentes en esta área. Ahora bien, la concepción de la población sobre el cambio climático no es unánime, sino que todavía hay un sector de la población que piensa que el hecho de que se intensifiquen algunos fenómenos meteorológicos es efecto de la propia naturaleza y no del efecto antrópico sobre el clima. Cabe mencionar que muchos de los riesgos han sido evitables, ya que el hombre no ha respetado la naturaleza, por ejemplo, construyendo un conjunto de bungalows en el cauce de un barranco. En este momento tenemos dos alternativas para hacer frente a este problema global: la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y el estudio de los riesgos climáticos relacionándolos con la planificación territorial.

Pues bien, centrándonos en la planificación territorial, el Partido Popular de España implantó este mismo año una nueva ley de costas en la que reduce de 100 a 20 metros la franja de protección de la costa, a esto hay que añadirle un alargamiento de hasta 75 años de las concesiones de viviendas que están en dominio público (todas aquellas edificaciones que han sido “mojadas” por agua del mar pasan a  ser de dominio público). Este caso es un claro ejemplo de un gobierno contextualizado fuera de la realidad.

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Fotografía que ejemplifica la mala planificación territorial empleada en Calp, municipio de la Marina Alta en la provincia de Alacant. (Fuente: esacademic.com)

El conjunto de previsiones científicas evidencian un aumento de la temperatura media del planeta y un consecuente aumento del nivel del mar. Esta evidencia debería llevar a los gobiernos de los respectivos países mediterráneos a aprobar nuevas leyes de costa en que se aumentara la distancia de protección de la costa y, al mismo tiempo, se redujeran las concesiones a los edificios situados en esta franja protegida. La otra cara de la moneda la encontramos en los países del norte de Europa, algunos países ya han aprobado estrategias de adaptación al cambio climático donde las medidas de ordenación del territorio juegan un papel decisivo en la reducción o adaptación a los efectos de este fenómeno. Ejemplos concretos son Holanda o el Consorcio de los países del Báltico.

El problema español es de base, ya que el enorme desarrollo que ha tenido la construcción residencial en este país es una de las causas del incremento de la vulnerabilidad y la exposición ante los peligros climáticos. No se trata de reclamar moratorias de edificación, se trata de edificar en aquellos lugares donde sea posible. En otras palabras, en las últimas dos décadas se ha construido por encima de lo que racionalmente era sostenible en España y, además, algunas de estas edificaciones se han llevado a cabo en zonas de riesgo. Especialmente en áreas expuestas al peligro de inundación, pero asimismo en sectores con riesgo ante sequías, temporales marítimos y deslizamientos.

Muchas áreas del litoral mediterráneo español y del archipiélago canario, especialmente en las islas de Tenerife y Gran Canaria, han visto como márgenes fluviales, espacios inundables y áreas de drenaje precario han sido en las últimas décadas ocupados por infraestructuras, espacios de ocio (camping) o viviendas.

Esta realidad debe ser incorporada a la planificación territorial, ya que son las políticas territoriales las que menos se han adaptado a esta nueva realidad. Es por ello que no se puede dejar de valorar la componente humana y social del riesgo, no la eminentemente física, intentando pasar de la mitigación del peligro a reducir la exposición y la vulnerabilidad.

El “Dique holandés” es un ejemplo de la planificación territorial plasmada a la realidad ya que en posibles temporales se han hecho estudios para posibilidad de inundación y por lo tanto, no se ha construido ningún edificio en el radio de inundación del dique. En Londres se ha realizado un estudio argumentando que un incremento importante del caudal del río Támesis podría afectar la ciudad, de esta manera ya se han puesto en marcha diversos planes territoriales para evitar futuros riesgos.

ImagenFotografía de una parte del dique holandés. (Fuente: nosoloingenieria.com)

Fuera de Europa también se están llevando a cabo actuaciones, este es el caso de Japón, y más concretamente en Tokio, donde se eleva la cota sobre la que se construye un edificio para evitar que el agua entre dentro de éstos.

Estas son actuaciones que se han de aplicar también sobre el territorio español y sobre el mediterráneo en su conjunto. Lo más destacable de todo, es que éstas carecen de una alta inversión hoy en día, son más bien poco costosas. El problema es que si no se actúa pueden ser mucho más costosas.

En definitiva, si como señalan los modelos de cambio climático, la región mediterránea puede ser testigo, en las próximas décadas, de la aceleración del carácter extremo de sus condiciones atmosféricas, el riesgo existente en muchos de sus territorios puede incrementarse, lo que obliga a preparar y adaptar los territorios ante esta posibilidad. Hay que incentivar las medidas que contribuyan a reducir el riesgo existente y futuro. Los nuevos territorios del cambio global, como espacios de riesgo, requieren políticas de ordenación que minimicen la vulnerabilidad y la exposición ante el posible aumento de la peligrosidad atmosférica. Éste es el reto territorial que se ha de asumir y por ello las escalas regional y local son fundamentales.

(Fuente de la fotografía de portada: apartamentosbenidorm.es)