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La planificación territorial, una herramienta contra el creciente número de riesgos climáticos

benidorm panoramica

Desde siempre el hombre se ha interesado por vivir de manera confortable y el cambio climático es y será un tema que podría disminuir la confortabilidad que hasta día de hoy existe en el Mediterráneo. Sin duda, el área mediterránea está, ahora mismo, en el punto de mira de muchos climatólogos ya que puede ser una de las regiones más afectadas por el cambio climático y por tanto, por el calentamiento global.

La confortabilidad de la que hablábamos al principio es una de las grandes bazas del turismo en el Mediterráneo. Disfrutamos de veranos calurosos pero sin serlos extremadamente y sin precipitaciones destacables.

¿Pero, y si esta confortabilidad climática tan beneficiosa, y que actualmente países como España aprovechan especialmente para el sector turístico, desaparece?

Es así como el cambio climático puede suponer un revés hacia el turismo mediterráneo, una de las principales actividades económicas de los países del sur de Europa y del norte de África. Queda claro que el calentamiento global no sólo perjudicará al turismo, sino que la agricultura puede ser otra actividad económica afectada. En este sentido ello puede ejemplificarse con el cultivo de viñas. El aumento de las temperaturas en superficie pueden hacer desplazar este cultivo a mayor latitud o altitud con la finalidad de encontrar mejores condiciones climáticas. Un ejemplo podría ser lo que está ocurriendo en Cataluña, donde empresas vinícolas estan empezando a apostar por viñedos en zonas pirenaicas. 

Todo este proceso se producirá en un contexto “ficticio” de crecimiento sostenible. ¿Por qué ficticio? Vivimos en un planeta finito donde, evidentemente, los recursos que posee el planeta son finitos, de esta manera es imposible pensar en un crecimiento infinito cuando vivimos en un planeta finito. Cualquier crecimiento no es sostenible, la sociedad debería tender al decrecimiento y fomentar la cooperación entre regiones. Esto sin embargo, ya es otro debate.

De este proceso de cambio climático se derivan riesgos, cada vez con mayor impacto sobre las personas residentes en esta área. Ahora bien, la concepción de la población sobre el cambio climático no es unánime, sino que todavía hay un sector de la población que piensa que el hecho de que se intensifiquen algunos fenómenos meteorológicos es efecto de la propia naturaleza y no del efecto antrópico sobre el clima. Cabe mencionar que muchos de los riesgos han sido evitables, ya que el hombre no ha respetado la naturaleza, por ejemplo, construyendo un conjunto de bungalows en el cauce de un barranco. En este momento tenemos dos alternativas para hacer frente a este problema global: la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y el estudio de los riesgos climáticos relacionándolos con la planificación territorial.

Pues bien, centrándonos en la planificación territorial, el Partido Popular de España implantó este mismo año una nueva ley de costas en la que reduce de 100 a 20 metros la franja de protección de la costa, a esto hay que añadirle un alargamiento de hasta 75 años de las concesiones de viviendas que están en dominio público (todas aquellas edificaciones que han sido “mojadas” por agua del mar pasan a  ser de dominio público). Este caso es un claro ejemplo de un gobierno contextualizado fuera de la realidad.

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Fotografía que ejemplifica la mala planificación territorial empleada en Calp, municipio de la Marina Alta en la provincia de Alacant. (Fuente: esacademic.com)

El conjunto de previsiones científicas evidencian un aumento de la temperatura media del planeta y un consecuente aumento del nivel del mar. Esta evidencia debería llevar a los gobiernos de los respectivos países mediterráneos a aprobar nuevas leyes de costa en que se aumentara la distancia de protección de la costa y, al mismo tiempo, se redujeran las concesiones a los edificios situados en esta franja protegida. La otra cara de la moneda la encontramos en los países del norte de Europa, algunos países ya han aprobado estrategias de adaptación al cambio climático donde las medidas de ordenación del territorio juegan un papel decisivo en la reducción o adaptación a los efectos de este fenómeno. Ejemplos concretos son Holanda o el Consorcio de los países del Báltico.

El problema español es de base, ya que el enorme desarrollo que ha tenido la construcción residencial en este país es una de las causas del incremento de la vulnerabilidad y la exposición ante los peligros climáticos. No se trata de reclamar moratorias de edificación, se trata de edificar en aquellos lugares donde sea posible. En otras palabras, en las últimas dos décadas se ha construido por encima de lo que racionalmente era sostenible en España y, además, algunas de estas edificaciones se han llevado a cabo en zonas de riesgo. Especialmente en áreas expuestas al peligro de inundación, pero asimismo en sectores con riesgo ante sequías, temporales marítimos y deslizamientos.

Muchas áreas del litoral mediterráneo español y del archipiélago canario, especialmente en las islas de Tenerife y Gran Canaria, han visto como márgenes fluviales, espacios inundables y áreas de drenaje precario han sido en las últimas décadas ocupados por infraestructuras, espacios de ocio (camping) o viviendas.

Esta realidad debe ser incorporada a la planificación territorial, ya que son las políticas territoriales las que menos se han adaptado a esta nueva realidad. Es por ello que no se puede dejar de valorar la componente humana y social del riesgo, no la eminentemente física, intentando pasar de la mitigación del peligro a reducir la exposición y la vulnerabilidad.

El “Dique holandés” es un ejemplo de la planificación territorial plasmada a la realidad ya que en posibles temporales se han hecho estudios para posibilidad de inundación y por lo tanto, no se ha construido ningún edificio en el radio de inundación del dique. En Londres se ha realizado un estudio argumentando que un incremento importante del caudal del río Támesis podría afectar la ciudad, de esta manera ya se han puesto en marcha diversos planes territoriales para evitar futuros riesgos.

ImagenFotografía de una parte del dique holandés. (Fuente: nosoloingenieria.com)

Fuera de Europa también se están llevando a cabo actuaciones, este es el caso de Japón, y más concretamente en Tokio, donde se eleva la cota sobre la que se construye un edificio para evitar que el agua entre dentro de éstos.

Estas son actuaciones que se han de aplicar también sobre el territorio español y sobre el mediterráneo en su conjunto. Lo más destacable de todo, es que éstas carecen de una alta inversión hoy en día, son más bien poco costosas. El problema es que si no se actúa pueden ser mucho más costosas.

En definitiva, si como señalan los modelos de cambio climático, la región mediterránea puede ser testigo, en las próximas décadas, de la aceleración del carácter extremo de sus condiciones atmosféricas, el riesgo existente en muchos de sus territorios puede incrementarse, lo que obliga a preparar y adaptar los territorios ante esta posibilidad. Hay que incentivar las medidas que contribuyan a reducir el riesgo existente y futuro. Los nuevos territorios del cambio global, como espacios de riesgo, requieren políticas de ordenación que minimicen la vulnerabilidad y la exposición ante el posible aumento de la peligrosidad atmosférica. Éste es el reto territorial que se ha de asumir y por ello las escalas regional y local son fundamentales.

(Fuente de la fotografía de portada: apartamentosbenidorm.es)