La constante de los incendios en Galicia

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Parece claro que hay una especial relación entre el estado del bosque y el riesgo de incendios. Muchos gobiernos locales y regionales no invierten ni gastan su presupuesto en la limpieza y en procurar el buen estado del bosque. La mala adecuación de éste es una de las causas más importantes en la proliferación de incendios sobre todo en la época estival, porque como bien sabemos, la península reúne las condiciones idóneas para que tengan lugar.

No obstante, parece sorprendente que Galicia sea año tras año una de las comunidades autónomas más castigadas por el fuego. Su clima es marcadamente atlántico. Tiene una pluviometría elevada y constante durante el año en buena parte de su territorio, sobre todo en la Costa Cantábrica y la Costa Atlántica. En el interior la continentalidad es más marcada.

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Mapa de distribución de la pluviometría media anual en Galicia (Imagen: http://www.zonu.com)

Pero no es el clima el motivo del gran número de incendios. Encontramos varias causas que explican el porqué de este número elevado (los años 2003, 2004 y 2005, el número de incendios en Galicia suponía la mitad de los declarados en el territorio español). La primera de ellas ya mencionada es la falta de planes de prevención de incendios, entre los que hemos destacado la falta de limpieza de bosque y sotobosque.

Una segunda causa es la proliferación del eucalipto (Eucalyptus). Se trata de un árbol proveniente de Australia que crece muy rápidamente y cuya plantación se ha extendido por un gran número de países. La especie fue introducida en Galicia en 1860. Actualmente destacan dos zonas con importantes extensiones de eucalipto: la cornisa cantábrica y atlántica y el suroeste español, especialmente en la provincia de Huelva. A día de hoy, la superficie española ocupada por eucaliptos es de aproximadamente 760.000 hectáreas y representa cerca del 3% de la superficie mundial de eucalipto.

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Número aproximado de hectáreas de eucalipto en la Península Ibérica según CCAA (Fuente: Greenpeace)

Esta especie es una de las más productivas en cuanto a su tala y aprovechamiento para la industria de la madera y el papel. Este es, pues, el principal motivo por el que ha extendido su plantación. Sin embargo, la introducción de una especie alóctona que además es invasora, representa una seria amenaza para la salud del bosque autóctono gallego. Además, se trata de un árbol con una combustión rápida y fácil; un incendio en medio de una gran masa forestal de eucalipto tiene una propagación de gran rapidez y virulencia, lo que hace muy complicado su control y extinción.

Una última causa destacable está relacionada con la intencionalidad de estos incendios. La mayoría son provocados por el hombre, y muchos esconden un interés tras ellos al ser provocados intencionadamente. Un gran número están provocados por malas prácticas como la quema intencionada y “controlada” (hasta que deja de serlo) de parcelas en el campo, por el uso de barbacoas o por pirómanos. Por otra parte muchos culpables de incendios están motivados por la obtención de recalificaciones de terrenos para cambios en los usos del suelo, que se hacen efectivas tras los incendios como por ejemplo para hacer pasar vías de comunicación, o por el simple hecho de causar daños en las tierras vecinas.

Gran parte de los incendios y conatos tienen lugar durante las primeras horas de la madrugada, por lo que los pirómanos tienen menos posibilidades de ser identificados, y en condiciones meteorológicas excepcionales, sobre todo con vientos de componente sur o sureste que aportan un ambiente más seco y unas temperaturas más elevadas.

Esto, junto con la repoblación cada vez más intensa del bosque con especies de la familia del eucalipto y sumado a una mala adecuación y limpieza del bosque, es lo que promueve una cantidad tan elevada de episodios de incendios, los cuales muchas veces amenazan aldeas y municipios gallegos, tal y como observamos un verano tras otro.

La solución pasa por una conciencia de los órganos de gobierno encargados de la protección, prevención efectiva, limpieza y acondicionamiento del bosque y el sotobosque. Por promover ayudas o subvenciones a los agricultores y propietarios agrícolas para que se puedan permitir la repoblación de sus parcelas con especies menos productivas pero que garanticen la protección contra estos episodios, es decir, con especies autóctonas de la zona que por naturaleza son más resistentes al fuego y actúan como impedimento para su propagación.

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