COP21 PARIS: ¿LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE REACCIONAR ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO?

Desde la década de los 90 del pasado siglo se han ido sucediendo una serie de conferencias de ámbito internacional promovidas por las Naciones Unidas en su Convención Marco sobre Cambio Climático. Todas ellas, un total de veinte hasta la fecha y a punto de tener lugar la vigésimo-primera en París, han tratado de reunir anualmente a todos los miembros para la lucha contra el cambio climático.

Las Cumbres de la Tierra

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), sus estrategias y objetivos, se ha visto reforzada e inspirada por las Conferencias de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y desarrollo que se iniciaron durante el último tercio del siglo XX.

Fotografía de la Pimera Cumbre de la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) en el año 1972.
Fotografía de la Pimera Cumbre de la Tierra, celebrada en Estocolmo (Suecia) en el año 1972.

Hasta la fecha se han celebrado cuatro de las también denominadas “Cumbres de la Tierra”:

La primera de ellas tuvo lugar en 1972, en Estocolmo (Suecia), bajo el nombre de Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. Fue la primera gran conferencia de la ONU sobre cuestiones ambientales internacionales, y marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la política internacional en materia de medio ambiente

La segunda, y de vital importancia por la introducción del concepto de desarrollo sostenible, fue celebrada en Rio de Janeiro (Brasil) en 1992. Su trascendencia fue, muy posiblemente, la mayor entre las celebradas hasta el presente, y cimentó las bases para el desarrollo de la CMNUCC, creada en el mismo año 1992 en Nueva York y que desarrollaría las Conferencias de las Partes.

La tercera fue celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica) en 2002, y además de reiterarse en la necesidad de incorporar y alcanzar el desarrollo sostenible, hizo especial hincapié en la pobreza y los problemas medioambientales.

La última Cumbre de la Tierra celebrada tuvo lugar en Rio de Janeiro en el pasado 2012, fue denominada como Rio+20 y fue catalogada como un auténtico desastre, un fracaso. Aprobado el documento bajo acuerdo de mínimos, ha sido descrito como una vergüenza política que demuestra la incapacidad y la reticencia de parte de ciertos Estados de llevar a cabo políticas trascendentales y series en materia de medio ambiente.

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Como hemos indicado, la CMNUCC es un tratado internacional que, a pesar de ser creado en 1992, no entró en vigor hasta 1994. La Convención está integrada por los miembros firmantes, los cuales reciben el nombre de “partes”. Así, se hace referencia a las sucesivas Conferencias de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) que tienen lugar anualmente y en las que participan todos los miembros firmantes del tratado. Las partes (196 países en 2014) fueron clasificados en sus inicios según su grado de desarrollo, su capacidad de acción y reacción así como su capacidad de financiación y adaptación.

La CMNUCC incorporó en 1997 el ya conocido como Protocolo de Kioto. Su nombre proviene, precisamente, del nombre de la ciudad japonesa sede de la III Conferencia de las Partes. El Protocolo de Kioto es un instrumento, un acuerdo vinculante, que fue adicionado a la CMNUCC para acelerar el proceso de reducción de los Gases de Efecto Invernadero (GEI) y asegurar el compromiso de las partes firmantes.

Mapa de situación de los países segun posición respecto al Protocolo de Kioto. En verde: firmantes y ratificantes, naranja (Estados Unidos) firmantes pero no ratificantes y en rojo (Canadá) retirados del protocolo.
Mapa de situación de los países segun posición respecto al Protocolo de Kioto. En verde: firmantes y ratificantes, naranja (Estados Unidos) firmantes pero no ratificantes y en rojo (Canadá) retirados del protocolo.

Todos los países miembros firmaron y posteriormente ratificaron el Protocolo, a excepción de dos:

  • Canadá: después de la Cumbre del Clima de Durban (Sudáfrica, 2011) decidió abandonar el Protocolo de Kioto por calificarlo de ineficaz y en vistas de las multas que debería afrontar por su previsible incumplimiento.
  • Estados Unidos: el expresidente Bill Clinton firmó el acuerdo pero el Congreso estadounidense no lo ratificó. El Gobierno de George Bush abandonó el Protocolo de Kiota por las mismas razones que Canadá.

Las reuniones periódicas que se celebran desde 1995 (como hemos dicho al principio de este artículo: veinte hasta la fecha) tienen como objetivo examinar el cumplimiento de los objetivos acordados y la aplicación de las políticas relativas al cambio climático que han sido adoptadas en conferencias previas.

Estas reuniones reciben asimismo el nombre popular de “Cumbres del Clima”, y la razón de este artículo es la celebración inmediata de la XXI Conferencia de las Partes, también conocida como COP21 y que tendrá lugar en París entre el 30 de diciembre y el 11 de noviembre de 2015.

La Conferencia de las Partes de París

La XXI Conferencia de las Partes tendrá lugar en Le Bourget, localidad muy próxima a París durante el mes de diciembre de 2015. Se ha llevado a cabo un período de negociaciones de un año después de la COP20 celebrada en Lima (Perú) en 2014. Para este período se redactó un documento en Ginebra (Suiza) que serviría de base para las negociaciones y la celebración de hasta cuatro reuniones periódicas a lo largo del año 2015, que terminarían en la redacción de un documento final  que será propuesto y discutido en París.

 

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El objetivo prioritario es alcanzar un acuerdo jurídicamente vinculante entre todas las partes. Tras alargarse el segundo período de vigencia del Protocolo de Kioto (enmienda de Doha) desde 2012 y válido hasta 2020, se espera el acuerdo acerca de un nuevo protocolo que sustituya al vigente. Lo que perseguiría dicho protocolo es que la temperatura planetaria no aumentara más allá de los 2ºC respecto a la era pre-industrial.

Desde aquí no pretendemos llamar al escepticismo, pero parece que el objetivo que se plantea parece más bien un eslogan de buenas intenciones más que un objetivo claramente alcanzable. Discutimos esta idea porque hasta la fecha, por bien que se han realizado multitud de Conferencias de las Partes y Cumbres de la Tierra, muchas de ellos vinculantes y comprometedoras, en lo que al planeta concierne, no ha servido absolutamente para nada.

¿Un objetivo asumible?

El Cambio Global que describíamos en el primer artículo no ha hecho más que reafirmarse en sí mismo. En materia climática no puede achacarse el problema a una cuestión de “inercia del sistema climático”, pues nada más lejos de la realidad la emisión de GEI y concretamente de CO2 no ha hecho más que continuar aumentando.

Quizás los acuerdos que suscribían los firmantes del Protocolo de Kioto fueran demasiado irrealizables para algunos (como prueba Canadá y Estados Unidos, que sin intentarlo siquiera desistieron de esa tarea) pero aún y así parece haber sido un esfuerzo ínfimo, podríamos decir inútil, porque la realidad confirma que el calentamiento global y la contaminación atmosférica describen precisamente la misma tendencia que se trataba de evitar y contener.

Lo que se propone con este acuerdo para un nuevo protocolo es, en otras palabras y como recordarán de nuestro primer artículo, un escenario RCP2.6 según el IPCC. Es decir, que para evitar que la temperatura planetaria sobrepase el aumento en 2ºC a final de siglo respecto a los valores de la era pre-industrial, no sólo deberían reducirse desde este preciso instante las emisiones de todos los países, sino que debería apostarse por una economía baja en carbono capaz de llegar a no generar absolutamente ninguna emisión de gases de efecto invernadero para 2100. La tendencia, desgraciadamente y como cabía esperar, apunta más bien hacia escenarios RCP8.5 y RCP6.0, que se corresponden a aquellos que prevén un aumento de la temperatura media global hacia final de siglo

Es por ello que nos preguntamos, ¿realmente es realizable sabiendo cuáles son las reticencias de algunos países y los intereses que persiguen? ¿tiene sentido hablar de tales objetivos, a priori irrealizables, conociendo la tendencia presentada hasta el momento? ¿acaso no presenta un cierto punto de cinismo? Parece ser que no ha sido hasta el presente 2015 que los gobiernos de los estados que forman parte han decidido darse cuenta que el problema reside y siempre lo ha hecho en el sistema económico que es totalmente insostenible y, ahora que parecen haberse alertado de tal obviedad, pretenden realizar un cambio radical que ni tan sólo se albira hasta el momento.

COP21 PARIS. ¿A QUÉ NOS ENFRENTAMOS?

El ser humano, en su afán de adaptación al medio y de desarrollarse técnica y socialmente hacia estados cada vez más complejos, ha modificado profundamente su entorno. El entorno actual de prácticamente cualquier lugar del planeta es tremendamente distinto del que nuestros antepasados vieron.

Aunque, si bien estas modificaciones han tenido desde siempre unos efectos a una escala local, la magnitud de los procesos acaecidos a raíz de la Revolución Industrial y sobretodo a partir de la segunda mitad del Siglo XX, han comportado una serie de notorios efectos que pueden ser considerados a escala global. Todos estos cambios, con sus correspondientes efectos, forman parte de lo que se denomina como “Cambio Global”, un concepto que hace referencia, entre otros a:

  1. El enorme crecimiento demográfico de la población humana, que si bien fue importante en lo que se conoce como Occidente (EEUU, Europa y Japón) durante el siglo pasado, la centuria actual corresponde a gran parte de los países en vías de desarrollo, y con una preponderancia innegable en China, India y gran parte de los países africanos.
  2. Los cambios en los usos del suelo y la cubierta del suelo, la ocupación del territorio, así como un crecimiento sin precedentes de las ciudades, las vías de comunicación y el volumen de transporte de mercancías, producto y a la vez causa de lo que se conoce como globalización de la producción y de la economía.
  3. El aumento en el consumo de recursos naturales bien sean forestales, minerales, hídricos, alimenticios…así como del consumo y producción de energía.
  4. La pérdida de biodiversidad por elementos contaminantes, la sobrepesca o la reducción de la calidad y la extensión de los ecosistemas terrestres. Los expertos consideran la situación presente como la “Sexta Gran Extinción”. Actualmente, el ritmo o tasa de extinción es por lo menos 1.000 veces superior a la de hace unos siglos.
  5. El aumento de la contaminación del aire (cambio climático), del agua marítima y continental (acidificación de los océanos y contaminación de aguas de escorrentía y subterráneas) así como del suelo (procesos de desertificación).

Ante la inminente celebración de la XXI Conferencia Internacional sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (COP21/CMP21) en París, es de especial interés y creemos necesario resumir brevemente cuál es la situación actual de cambio climático y cuáles son los pronósticos y escenarios a que nos enfrentamos en el futuro a corto-medio plazo, es decir, en el presente siglo.

Ya que el clima se configura a través de dos parámetros básicos como son la temperatura y la precipitación, es indispensable tratar la evolución, estado y proyección de ambos para comprender en qué medida el hombre ha sido capaz de incidir en ellos. Decir esto es lo mismo que preguntarse en qué medida la especie humana es capaz de alterar el clima, un sistema perfecto e increíblemente complejo, y así ser capaz de generar un auténtico cambio climático.

Anomalías de temperatura registradas y proyectadas en base al período de referencia 1961-1990. Fuente: IPCC AR5.
Anomalías de temperatura registradas y proyectadas en base al período de referencia 1961-1990. Fuente: IPCC AR5.

A lo largo del Siglo XX y la primera década del Siglo XXI los datos instrumentales, observados y medidos, nos muestran una tendencia positiva en las anomalías de temperatura registradas en base a la serie del período 1961-1990. Si bien las anomalías registradas hasta finales del siglo siguen claramente una tendencia al alza, apenas superaban los 0,25ºC. Es a partir de este momento que las anomalías térmicas que muestra el planeta a lo largo de los primeros años del presente siglo superan los 0,5ºC aunque en los últimos años se aprecia una ligera estabilización.

Las proyecciones que viene realizando el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, conocido por el acrónimo en inglés IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change), desde 1990 sin embargo, presentan un escenario de futuro podríamos decir inmediato con un aumento térmico significativo que podría variar entre algo más de los 0,5ºC  en el mejor de los casos y de hasta 2ºC en el peor de ellos respecto al registrado para el período citado.

Los efectos de los cambios proyectados en cuanto a temperatura y a precipitación tienen, sin embargo, una distribución geográfica dispar. Los aumentos de temperatura y las variaciones en la precipitación se prevé que tengan una plasmación variable sobre las distintas regiones del planeta, bajo escenarios más positivos o más negativos, y con mayor o menor grado de confianza.

De este modo, comparando un escenario considerado como positivo (RCP2.6, donde las siglas RCP equivalen a Representative Concentration Pathways, Trayectorias de Concentraciones Representativas) se proyectan aumentos de temperatura en torno a 1 ºC para finales de siglo, aunque con mayores aumentos térmicos en áreas del Ártico (hasta 3 ºC más) y sobre los continentes (1,5 ºC más). Bajo un escenario negativo (RCP8.5), la temperatura media del planeta aumentaría de media aproximadamente 3 ºC. El fuerte aumento térmico en este escenario tendría también especial incidencia sobre los continentes (hasta 5ºC) y muy notablemente en el Ártico, un espacio muy vulnerable que vería incrementada su temperatura en hasta 9 ºC respecto al período 1981-2005.

Proyecciones de cambio en la temperatura media anual en superficie (a), en la media de precipitación anual (b) y en el nivel medio del mar para finales de siglo en base al período 1986-2005. Fuente: IPCC AR5.
Proyecciones de cambio en la temperatura media anual en superficie (a), en la media de precipitación anual (b) y en el nivel medio del mar para finales de siglo en base al período 1986-2005. Fuente: IPCC AR5.


Las variaciones proyectadas en la precipitación para finales de siglo muestran un ligero aumento de la precipitación, probablemente debido a un refuerzo del ciclo del agua a escala planetaria. Sin embargo, y sobre todo bajo un escenario RCP8.2, se esperaría un acrecentamiento de los extremos pluviométricos: las áreas subtropicales más secas recibirían menor cantidad de precipitación, mientras que las regiones húmedas tropicales y las latitudes más altas de ambos hemisferios recibirían mayor precipitación, hasta un 50% más respecto a la precipitación del período base de 1986- 2005.

Las proyecciones cuanto al aumento del nivel marino son preocupantes. Ambos escenarios apuntan a un incremento del mismo, aunque ligeramente dispar. Bajo el escenario “positivo” el aumento del nivel marino a finales del presente siglo sería cercano a los 40-50 cm en gran parte del globo, mientras que bajo un escenario más negativo el nivel del mar se llegaría a incrementar prácticamente en unos 60-70 cm respecto al nivel actual.

Proyecciones de aumento del nivel medio del mar. Comparativamente con el nivel marino a inicios del actual Siglo XXI, se prevé un aumento que, en el mejor de los casos alcance los 40 centímetros a finales de siglo (RCP 2.6) y en el peor de los escenarios aumente hasta cerca de 1 metro (RCP 8.5) respecto al nivel del año 2008, tomado en este caso como base. Fuente: IPCC AR5.
Proyecciones de aumento del nivel medio del mar. Comparativamente con el nivel marino a inicios del actual Siglo XXI, se prevé un aumento que, en el mejor de los casos alcance los 40 centímetros a finales de siglo (RCP 2.6) y en el peor de los escenarios aumente hasta cerca de 1 metro (RCP 8.5) respecto al nivel del año 2008, tomado en este caso como base. Fuente: IPCC AR5.

La evolución de éstos parámetros y la consecución de unos u otros escenarios más positivos o más negativos a finales del presente siglo dependerá de muchos factores a considerar como ya se ha apuntado, aunque muy especialmente de las emisiones de gases de efecto invernadero, sobre todo de dióxido de carbono, pues recordemos que suponía el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antrópico, y en menor medida del metano, el óxido nitroso y otros gases fluorados con efecto invernadero.

Las emisiones de estos gases han ido en continuo aumento a lo largo de la era industrial (e incluso antes) como ya hemos comentado, aunque jamás se han abocado a la atmósfera tales cantidades como las que se dan hoy en día: cerca de 40 Gigatoneladas de CO2 al año. Ante el estado actual se presentan hasta cuatro escenarios posibles propuestos por el IPCC.

Emisiones de dióxido de carbono proyectadas para finales de siglo bajo cuatro escenarios distintos y los respectivos incrementos de temperatura que originarían respecto a 1850-1900. Fuente: Global Carbon Project, basado en Fuss et alt., 2014.
Emisiones de dióxido de carbono proyectadas para finales de siglo bajo cuatro escenarios distintos y los respectivos incrementos de temperatura que originarían respecto a 1850-1900. Fuente: Global Carbon Project, basado en Fuss et alt., 2014.

Si bien los diversos escenarios prevén un aumento, no todos lo hacen de la misma manera:

  • RCP8.5 considera un aumento sistemático y sostenido de las emisiones de forma continuada hasta finales de siglo, para cuando se daría una cierta reducción del ritmo de emisiones, aunque no de la cantidad emitida al año. La humanidad emitiría un 500% más de lo que actualmente emite, es decir, más de 100 GtC cada año.
  • RCP6 prevé un aumento de las emisiones a menor ritmo seguido de una disminución tras un punto de inflexión hacia 2080. Sin embargo, las emisiones en el año 2100 continuarían siendo superiores a las habituales.
  • RCP4.5 puede considerarse parcialmente positivo, pues de cumplirse dicha proyección a finales de siglo habríamos reducido nuestras emisiones actuales, no sin considerar un período de por lo menos 20 años más desde el momento actual de aumento de las emisiones para luego reducirlas.
  • El único escenario que podríamos considerar realmente positivo sería el RCP2.6, pues prevería una reducción rápida y prácticamente inmediata de las emisiones de dióxido de carbono que permitiría para 2070 situar las emisiones bajo el umbral de las emisiones globales netamente negativas, es decir, que inyectaríamos menos dióxido de carbono del que se cree se puede absorber.

Alcanzar uno u otro de los escenarios proyectados dependerá, en gran medida, de lo que ocurra y se acuerde en la COP21 el presente año, y más allá de eso, de la implicación de las partes y la seriedad con la que sean capaces de abordar una cuestión decisiva para el futuro del planeta y de nuestra propia existencia.

El poblamiento de Australia a través del determinismo geográfico: clima, agricultura y ocupación del territorio

Co-autores del artículo: Raúl Estévez y Roger Clavero

Australia es una enorme isla de más de siete millones y medio de kilómetros cuadrados que podría ser definida de forma más adecuada como un continente. A pesar de su enorme extensión apenas viven veintidós millones de personas (sin tener en cuenta la isla y estado de Tasmania -500.000 habitantes-), lo que da lugar a una de las densidades de población más bajas del mundo: tan sólo 3 hab./km2. Ahora bien, este valor de densidad poblacional es genérico y la realidad geográfica de Australia se caracteriza por una enorme variabilidad espacial en la distribución de la población, los asentamientos y de las actividades económicas sobre el territorio.

Así pues encontramos lugares donde se concentra la mayor parte de la población, especialmente en la línea costera y más concretamente en el frente marítimo del sureste del territorio, donde encontramos las grandes áreas metropolitanas de Sídney y Melbourne (con más de 4 millones de habitantes cada una) y de otras ciudades destacables en el conjunto australiano como Brisbane o Adelaida. Por el contrario, encontramos otros núcleos de población de menor tamaño e importancia fuera de este arco urbano del sureste como pueden ser las ciudades de Perth o Darwin, que se encuentran a 2.400 y 3.300 km de distancia respectivamente de Sídney. Están, por tanto, extremadamente aisladas de cualquier sistema urbano.

Radicalmente diferente es el Outback, traducido con dificultades como “el interior”, constituido por la Depresión Central: una enorme cuenca endorreica formada por el Lago Eyre y el Desierto de Simpson, delimitada por el Altiplano Occidental al oeste y la Gran Cordillera Divisoria en este, así como por el ya citado Altiplano Occidental, que está formado por la Cordillera de McDonnell, el Gran Desierto de Victoria y el Desierto de Gibson. Efectivamente, estos vastos espacios están prácticamente aislados y su densidad de población es cero o cercana a cero habitantes por kilómetro cuadrado. Se trata, sin lugar a dudas, de un caso único que resulta curioso y a la vez complejo de analizar, donde la geografía y la historia, con especial referencia al proceso de colonización británica, han tenido un papel clave en su evolución y configuración actual.

Mapa físico de Australia con las principales formas de relieve. Fuente: elaboración propia, cartografia base: mapsforfree
Mapa físico de Australia con las principales formas de relieve. Fuente: elaboración propia, cartografía base: mapsforfree

Más allá de la desigual localización de la población y la actividad económica es también singular la humilde ocupación del suelo. De forma sorprendente, el porcentaje de tierra ocupada por la agricultura en Australia se aproxima al 53% del total de la superficie del país si se contabilizan las áreas de pastos permanentes para la actividad ganadera, las tierras de cultivo permanente y la tierra cultivable. Ahora bien, si sólo se consideran las tierras susceptibles de ser cultivadas, este valor supera con dificultades el 6% del territorio australiano (Banco Mundial, 2012).

Según algunos autores, este dato podría llegar a ser ligeramente superior. Así, para B. Hofmeister (1988) el desarrollo de la actividad agrícola australiana podría llegar a ocupar 77 millones de hectáreas, lo que se traduce en tan sólo un 10% de la superficie total del continente. La razón principal es que la mayor parte del territorio australiano es árido y presenta dificultades climáticas y edafológicas para el cultivo, además de muy reducidos cursos de agua permanentes, a excepción del río Murray. Ya en los años veinte del siglo pasado se apuntaba que por razones climáticas las condiciones razonables para la agricultura sólo se daban en un 21% de la superficie australiana (unos 240 millones de hectáreas). Sin embargo, esta extensión coincide prácticamente con aquella área del territorio que presenta un relieve más complicado. Es necesario, por tanto, restar 105 millones de hectáreas por las propias dificultades que impone el terreno el desarrollo de la actividad agrícola y otros 55 millones de hectáreas por las condiciones pobres del suelo.

Partiendo de esta primera aproximación a la distribución y la ocupación del territorio australiano, este artículo trata a continuación de buscar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué determina el patrón de poblamiento y ocupación de Australia? Para intentar resolverla, trataremos de establecer relaciones entre factores geográficos como el clima, la topografía, la edafología y la disponibilidad de recursos energéticos o naturales como bien puede ser la minería o, aún más importante, la disponibilidad de agua. También se deben valorar factores históricos como pueden ser los procesos de colonización del continente, especialmente aquellos vinculados a la extensión de la actividad agrícola y ganadera.

El clima es un factor muy determinante en el poblamiento australiano, así como la topografía del país, y es que las zonas con mayor altitud cuentan con muy poca población. Los pobladores europeos, mayoritariamente de origen británico, se fueron asentando en las zonas climáticamente más adecuadas a sus necesidades, es decir, en aquellos enclaves que proporcionaban mayores posibilidades de éxito y mejores perspectivas económicas (E. García Zarza, 1976). Así pues, la población se localiza mayoritariamente en las zonas templadas, rechazando las zonas tropicales y de tipo desértico. Un buen ejemplo que da fe de ello es Australia del Norte, un estado tropical en su parte septentrional y desértico en su parte meridional que tan sólo concentra el 1% de la población del país; asimismo uno de los primeros asentamientos británicos de Australia, Cooktown (Queensland), nunca acabó de florecer, probablemente debido a su situación en una zona tropical y cuya población a día es de tan sólo 2300 habitantes.

Muy en relación con el clima encontramos otros factores como aquellos edáficos o hidrológicos. Los suelos más pobres se concentran en el interior, coincidiendo con las zonas desérticas, y los más aptos en la periferia continental, que coinciden con las zonas templadas. La disponibilidad de agua no es muy alta en el conjunto del continente, que no cuenta con grandes ríos ni reservas nivales, y si con una alta evapotranspiración. No obstante sí hay efectivamente algunas zonas con excedente hídrico, y estas coinciden bastante con aquellas donde se sitúa la mayor parte de la población.

Por su parte, la minería nos explica por qué existen asentamientos en el interior, en espacios ambientalmente extremos. Algunos ejemplos son Broken Hill (Nueva Gales del Sur) o Kalgoorlie y Koolyanobbing (Australia Occidental), y muchas han sido las dificultades y costes asociadas, especialmente en lo referente al abastecimiento de agua. Si bien existen acuíferos subterráneos en ciertas partes del interior australiano, no siempre los asentamientos pueden beneficiarse de ellos. En Kalgoorlie, por ejemplo, fue necesaria la construcción de una tubería de 563 km para el abastecimiento de agua. También, aunque de forma muy puntual, encontramos núcleos de población interiores que se deben a su posición como cruce de carreteras o ferrocarriles, es decir, nodos de confluencia de vías de comunicación, entre los que destacan Alice Springs (Territorios del Norte), uno de los asentamientos interiores más importantes y que cuenta con una población ligeramente superior a los 25.000 habitantes.

Salvo los impedimentos o dificultades impuestos por factores de tipo ambiental, otro elemento destacable y que sin duda ha tenido su incidencia en el desarrollo del poblamiento australiano ha sido la limitación a la expansión agrícola y ganadera impuesta por el propio gobierno del país en los inicios del proceso colonizador por motivos bien de carácter científico o bien de carácter político-económico.

Uno de los ejemplos más claros es quizás el que hace referencia al impedimento a la expansión y apropiación de tierras fuera de los Nineteen Counties (traducido como Diecinueve Condados) que originalmente conformaban la colonia británica de Nueva Gales del Sur, alrededor de Sídney.

El Gobernador Thomas Brisbane (1773-1860) se opuso a la rápida expansión de los llamados pastoralistas, ganaderos nómadas o establecidos en extensas propiedades de pastos por falta de efectivos militares para la protección y sobre todo el control de la población fuera de los límites administrativos de los condados establecidos (Taylor, 1954). Al menos desde el año 1826 no se permitió la colonización, ocupación y compra-venta de tierras fuera de estos límites administrativos, que acabaron recibiendo el nombre de limits of location, traducidos como límites de ocupación. La política de ocupación de tierras cambió finalmente en 1861 gracias a las Actas de las Tierras de la Corona (Crown Land Acts) impulsadas por el Primer Ministro de Nueva Gales del Sur John Robertson. Fue a partir de entonces que se expandió la actividad ganadera, en muchas ocasiones legalizando y otorgando derechos de tenencia de tierras a los comúnmente llamados squatters: ex-convictos o ciudadanos libres australianos que habían ocupado tierras de pastos ilegalmente para practicar ganadería extensiva.

En el estado de Victoria, a diferencia del proceso que tuvo lugar en Nueva Gales del Sur, desde un principio se promovió la ocupación de las tierras, evitando así los conflictos y problemáticas en la liberación posterior. En el estado de Queensland se promovió la ayuda de los ya citados squatters en el establecimiento de los agricultores para así poder aumentar la superficie agrícola previamente dedicada al pastoreo de ganadería extensiva, además de ocupar en mayor medida el territorio.

De contenido mucho más geográfico, aunque en la línea del anterior, es el ejemplo de la conocida como Línea de Goyder. Esta línea fue trazada por el General George Goyder en 1865 y coincide prácticamente con la isoyeta de 250mm de precipitación media anual. Esta línea proponía el límite norte para el desarrollo de la agricultura en el estado de Australia Meridional, además de hacer de límite entre dos zonas radicalmente diferentes en cuanto a paisaje, clima y vegetación.

La Línea trazada por el General G. Goyder en 1865 y la administración territorial de Australia Meridional. Fuente: elaboración propia.
La Línea trazada por el General G. Goyder en 1865 y la administración territorial de Australia Meridional. Fuente: elaboración propia.

La colonización agrícola de nuevas tierras hacia el interior se basó en muchas ocasiones en procesos de ensayo-error; intentos-fracasos. Estos intentos responden a la variabilidad interanual en la precipitación, que en ocasiones hacía viables los cultivos más al interior de donde años anteriores hubiera sido imposible (J. Beattie, 2014). Los intentos de cultivar allí donde era climáticamente y edafológicamente improbable eran más bien producto del deseo que adecuadas a los límites impuestos por la naturaleza. En muchas ocasiones, los intentos que resultaron exitosos coincidieron con épocas cíclicas de estabilidad en la precipitación, pero que, con el paso del tiempo, efectivamente resultaron desastrosos.

Asimismo, este proceso explica también la administración actual del territorio, especialmente en el ya citado caso de Australia Meridional. A diferencia de otros estados australianos como Nueva Gales del Sur o Queensland, donde toda su extensión está dividida en counties, en el estado de Australia Meridional sólo cubren la parte suroriental, es más, esta parte coincide en buena medida con la línea que Goyder trazó en el siglo XX. La característica principal de la división en este estado es la distinción entre los counties y lo que se denomina “resto del territorio”, una distinción que, efectivamente, coincide con la división entre los espacios agrícolas del sureste y los espacios áridos o semiáridos del resto del estado, ocupados por la actividad ganadera extensiva y que no están sujetos a ninguna división territorial. Aun así, los counties no tienen función administrativa o política, sino que responden a la tenencia de la tierra fruto de la división del siglo XIX. La función administrativa la llevan a cabo las denominadas Áreas de Gobierno Local.

Fuente: elaboración propia a partir del Australian Bureau of Statistics
Fuente: elaboración propia a partir del Australian Bureau of Statistics

Por último y aunque muy brevemente, es necesario tratar el poblamiento urbano, pues es en definitiva el que tiene un peso preponderante sobre el total del país. En efecto, la sociedad australiana es eminentemente urbana. Las grandes ciudades se encuentran en el frente marítimo o muy próximas a éste, concentradas en una región muy concreta coincidente con las primeras colonias británicas, que disfrutan del clima más favorable y donde se ha desarrollado una actividad agrícola y una ocupación del territorio históricamente más intensa. Las grandes densidades de población se dan, por tanto, en estos puntos concretos del mapa australiano y la actividad económica, salvo aquella asociada a la ganadería y la minería, también se concentra aquí.

Podemos decir, por tanto, que las peculiaridades del poblamiento de Australia son consecuencia de la interacción más o menos compleja de una serie de factores ambientales que en combinación con los procesos históricos de colonización y expansión de la agricultura y la ganadería han consolidado dos Australias radicalmente distintas: una Australia interior, despoblada e improductiva por las razones aludidas y una Australia periférica, cuyo sector sureste es muy dinámico y concentra casi la totalidad de su población y su actividad económica. Es precisamente este área desarrollada la que hace que el país como conjunto, a pesar de su escasa ocupación del territorio y su relativa poca población, se sitúe entre una de las veinte potencias económicas globales y goce del segundo puesto en el ranking mundial de Índice de Desarrollo Humano.


BIBLIOGRAFIA

Beattie, James (et al.). 2014. Climate, Science, and Colonization: Histories from Australia and New Zealand. Palgrave Studies in the History of Science and Technology, Palgrave Macmillan.

García Zarza, Eugenio. 1976. Australia : El Territorio, Su Historia, Población Y Economía. Salamanca: Universidad de Salamanca. Departamento de Geografía.

Garden, Donald S. 2005. Australia, New Zealand, and the Pacific : An Environmental History.

Heathcote, R. L. 1988. The Australian Experience : Essays in Australian Land Settlement and Resource Management. Melbourne: Longman Cheshire.

Hofmeister, Burkhard. 1988. Australia and Its Urban Centres. Berlin [etc.]: Gebrüder Borntraeger.

Árabes y musulmanes. Dos conceptos diferentes

Ser árabe no implica ser musulmán, de la misma forma que ser musulmán no implica ser árabe. El término árabe define a una comunidad lingüística. El término musulmán define a una comunidad religiosa.

Aún así, esta confusión no es fruto de la casualidad, ya que la mayoría de los árabes son musulmanes. Fueron los árabes los que expandieron el islam por el mundo, y junto con él también intentaron exportar su lengua, que sí que arraigó en el norte de África o en las orillas del Mediterráneo oriental, pero no lo consiguió en muchos otros lugares como por ejemplo en la antigua Persia (el actual Irán), la península de Anatolia (Turquía), Pakistán, la India o Indonesia, entre otros. No obstante, la lengua culta del islam es el árabe clásico y por este motivo el Corán ha de ser escrito y recitado en ésta.

LOS ÁRABES

Los árabes son originarios de la península arábiga. Hoy en día, pero, y como consecuencia del transcurso de la historia, el mundo árabe es mucho más amplio. A continuación (Mapa 1) podemos ver lo que a nivel geográfico definiríamos como el mundo árabe actual en su máxima expansión, considerando también las islas Comoras, que no figuran en el mapa.

Mundo Árabe

La mayor homogeneidad lingüística coincide con el lugar de nacimiento de la cultura árabe y que en estos momentos comprende los territorios, principalmente, de Arabia Saudita, Omán, Yemen y Emiratos Árabes Unidos. Al norte de los mismos, Jordania, el Líbano, Siria o Iraq también presentarían las mismas características, pese a ser territorios colonizados posteriormente. La influencia del árabe termina en Irán, al este, y en Turquía al norte. Del mismo modo hay una zona de transición entre éstos dos últimos estados y los denominados anteriormente (Siria e Iraq) que históricamente han ocupado los kurdos. El Norte de África, por otro lado, presenta una mayor heterogeneidad lingüística. Aún quedan importantes poblaciones bereberes que conservan su propia lengua. Eso sí, la mayoría de las mismas se encuentran en territorios periféricos como la cordillera de los Atlas o algunas zonas habitables en el interior del desierto del Sáhara.

El Magreb y el Máshreq

Relacionado con el Mapa 1, cabe diferenciar las dos grandes regiones del mundo árabe. El Magreb es concebido como la parte occidental del mismo (literalmente: “por donde se pone el sol”), siendo la parte opuesta de éste el Máshreq u oriente (“por donde sale el sol”). El límite entre ambas regiones quedaría definido por la frontera entre Libia y Egipto, es decir, Libia se consideraría como parte del Magreb; Egipto y Sudán como parte del Máshreq. En este sentido, es oportuno tener en cuenta que el término magrebí sólo sirve para definir una parte de la comunidad árabe, la occidental.

La Liga Árabe

Fundada el 22 de marzo de 1945 y con sede en El Cairo, la Liga Árabe es una organización cultural que agruparía todos aquellos estados que se consideran árabes. El único estado que tiene el árabe como lengua oficial y que no figura en la misma es el Chad. Si el Mapa 1 nos mostraba el mundo árabe geográfico, el Mapa 2 representaría el mundo árabe político.

Liga Árabe

Los árabes no musulmanes

Se considera que alrededor de un 10% de los árabes no son musulmanes. Hay comunidades árabes cristianas importantes en Egipto, Siria, Libia, Iraq o Cisjordania y también, aunque en menor proporción, existen comunidades árabes judías.

LOS MUSULMANES

Se denominan musulmanes a los seguidores del islam. El islam es una religión monoteísta donde a dios se le denomina Alá, Mahoma es el profeta más destacado y el Corán el libro sagrado. Los orígenes del islam se relacionan directamente con los árabes. Las dos ciudades más importantes, la Meca y Medina, se encuentran en el actual territorio de Arabia Saudita.

El número de seguidores del islam en estos momentos estaría en torno a los 1.600 millones, según el Global Religious Landscape Report. El estado con más musulmanes es Indonesia, seguido por la India, Pakistán y Bangladesh. Los límites del islam, pues, van mucho más allá de las fronteras del mundo árabe.

Islam mapa

El mundo islámico. Las áreas coloreadas son las que tienen como mínimo un 10% de población musulmana.

Sunismo, chiismo y jariyismo

En el Mapa 3 también se nos diferencia cada país musulmán con la rama teológica predominante entre su población. Más concretamente encontraríamos señalizadas únicamente las tres grandes ramas del islam: el sunismo (verde en el mapa), el chiismo (rojo en el mapa) y el jariyismo (azul en el mapa).

Los suníes conformarían alrededor del 85% del total de musulmanes en el mundo, seguido de los chiíes que serían aproximadamente un 10% del total. En el 5% restante incluiríamos los jariyíes y otras minorías.

Por último, cabe destacar la heterogeneidad entre ramas musulmanas existente en Oriente Medio, siendo uno de los motivos históricos que han favorecido la inestabilidad en la región. A nivel geopolítico, la gran potencia suní en la zona es Arabia Saudita, siendo Irán el gran referente de los chiíes. Ambos estados y clases dominantes quieren imponer sus intereses e influencia en la zona.